SAFARI- DOMÉSTICO-óleo sobre tela-30x200cm-2015Alta

Enormes Minucias/

Víctor Sánchez Villarreal

10 de septiembre de 2015

Se ha dicho respecto de nuestra tradición pictórica icónica que, o bien aspira a provocar la ilusión de que estamos frente al objeto representado y no ante su copia, o que las representaciones icónicas aspiran a establecer imágenes crípticas, llena de rodeos, encrucijadas simbólicas y alegorías donde es difícil orientarnos. En la primera pretensión se hace manifiesta una voluntad mimética; en la segunda se devela una voluntad de ocultamiento, laberíntica, que no dice lo que muestra, y en la cual objetos familiares se convierten en constelaciones simbólicas.

En nuestra tradición icónica pocas veces ha operado con exclusividad una u otra tendencia. Pese a algunas excepciones, en mayor o menor medida toda representación icónica participa de esta ambigüedad esencial: del juego entre la mímesis y el ocultamiento de un significado. El género del bodegón ha constituido una buena percha para este juego.

La muestra pictórica de bodegones de Víctor Sánchez Villarreal se ubica en este juego, pero de una manera muy particular: es mimética, pero no elabora en acuciosamente el detalle; tampoco pretende establecer un símbolo en cada objeto representado, sino que muestra una significación oculta en minúsculos acontecimientos, “el otro lado de las cosas”. En este juego, la pintura de Víctor nos coloca en un estado de extrañeza ante objetos que un día nos fueron familiares: son triviales, de factura industrial, pero remiten simbólicamente a una estación de la vida, signada también por veladuras en tonos mortecinos que enrarecen la atmósfera del cuadro.

En estas escenas opera una alteración de la memoria: se rompen los lazos de causalidad, el sentido del tiempo y del espacio que habitualmente establecemos para aproximarnos a las cosas. Así, Víctor nos descubre el lado fantasmal, melancólico, de nuestros recuerdos. El desconcierto adviene cuando descubrimos frente a las cosas conocidas desde hace tiempo que habita en ellas un lado espectral.

Sitúa Víctor sus modelos en espacios y tiempos indefinidos, pero sabemos que se trata de entornos domésticos. Sus modelos además, no operan como símbolos de las personas quienes los portaban, constituyen más bien personajes ensimismados que terminan por subvertir el sentido de lo familiar. Ahora se convierten en musas inquietantes, anunciadoras de un exilio. En esta disposición, los modelos del artista comienzan a personificar justamente un su lado opuesto, en lo oculto, en lo espectral, en lo angustioso; el espectador entonces se le emplaza en un campo donde las cosas se presentan como obsesivas.

Víctor Sánchez Villarreal introduce en su pintura la ilusión perspectiva. Pero el punto perspectiva suele situar al espectador en un punto de altura mayor que los objetos; y aunque trabajados éstos con incesantes veladuras, no hay mucha sombra proyectada por ellos. Este alejamiento perspectivo los somente a sutiles y extrañas distorsiones. Así, la perspectiva utilizada no tiene el aspecto tranquilizador de una perspectiva tradicional. Sin ser surrealista, la pintura de Víctor nos sitúa en un lugar análogo de los estados oníricos angustiosos donde los modelos salen a nuestro encuentro como desorientados, extraños, aislados, ensimismados. Dejan de ser objetos de reconocimiento para convertirse en modelos de estupor. Su asociación habitual, su presencia familiar en nuestra memoria ha quedado rota.

En “Enormes minucias” la escena de género doméstico es sólo una máscara para la melancolía que se vive en estos tiempos de optimismo tecnológico. Con su tratamiento clásico, Víctor parece recordarnos que también el pasado, y no exclusivamente el futuro, es portador de esperanza.

Eduardo Rodríguez Esquivel
Verano 2015

 

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