Drive

Fight Ways/

Philip Nevin

Philip Nevin

13 de noviembre de 2014

“Nunca llegaré a casa, porque tengo una máquina que no me llevará a ningún destino. Ya que no tengo ruta ni destino, para ti, en casa soy solo un extraño”

Travellin’ Blues
John Lee Hoocker

Esta colección, mi más reciente trabajo, habla sobre el estar quieto, la ansiedad que esto me produce y mi constante búsqueda terapéutica del movimiento.

Este movimiento lo encuentro en los viajes por carretera, en donde se manifiestan dos aspectos: mi silencio y quietud interiores -desde donde observo- y el movimiento y los ruidos del exterior -que actúan sobre mi-.

Los aspectos interiores del viaje los capturo en cuadros pintados con la orientación correcta y los aspectos exteriores están representados “de cabeza”.

También trato el tema de la resistencia de un cuerpo al movimiento. Puede ser sólo una ilusión, como el ver una delicada flor desde un auto a 100 km/hora.

Manejar o copilotear en compañía de mi madre o mi pareja me hace pensar que somos insectos que recorremos distancias como estrellas fugaces. Primero era el silencio, ahora es la velocidad… el vuelo de ideas. Tengo la sensación de que soy invencible, no cuento el tiempo del viaje sino la profundidad de mis pensamientos.

Cuando no viajo en carretera, el sentimiento que experimento es que viajo hacia mi desgracia, hacia un Dead end Road que creamos nosotros mismos cuando decidimos asentarnos. Así, también hay un camino que nos toca recorrer a todos, el que nos transporta a nosotros mismos y nos ayuda a encontrarnos. Ese camino es, según Neil Young, un Spirit Road.

Recuerdo que de pequeño me encantaba viajar de copiloto, no importaba el destino, ya fuera ir de viaje o regresar de noche a casa. Lo importante era el movimiento, desde entonces, mi mejor terapia. Como dice Lee Hooker en su canción Ride until I die: “Mi padre me dijo: maneja. Mi padre me dijo: maneja hasta que mueras”.

Philip Nevin

Ciudad de México, 2014.

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